La vida nos recuerda a cada momento que no somos nada, que todo pasa y que nada pervive, la vida nos enseña el valor de lo inmaterial, de aquello que no perdura, del olvido y del desencanto.
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Todos los días en la oración nos encontramos con Dios, un Dios cercano y oyente a nuestro dialogo intimo entre los dos. Cuando nuestra alma esta enferma por la depresión puede ser una evasión y un modo de meditar para avanzar hacia delante en el camino de encontrar esa salud para nuestro espíritu.
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