Crecieron y surgieron los problemas de la adolescencia, que fueron bien pocos, pues tengo que reconocer que tuve la suerte de tener unas hijas muy juiciosas y con los pies en el suelo.
Llegaron los tiempos de los noviazgos y apenas las veía entre los estudios y el paseo.
Un buen día empezamos a preparar sus bodas una primero y otra después. Con las prisas de las preparaciones pasaban los días sin darme cuenta y de pronto un dormitorio apareció en silencio, pero me quedaba la otra y no me di cuenta que se habían hecho mayores mis pequeñas y queridas palomitas, y que igual que la primera la segunda volaría muy pronto, así paso y el silencio era en dos dormitorios.
Entonces en mi corazón empezaban los gritos " donde estáis","quiero veros", "os necesito".
Pero ellas tenían ahora sus hogares vendrían sus hijos y vivirían su vida, como yo la viví en mi momento.
¡Que pronto había pasado!, de mamá pase a abuela, de esposa pase a ser la abuela que esta en casa, ya nada era igual, solo la esperanza del sábado los gritos de mis nietos y el beso cada vez mas deseado de mis palomitas que volaron del nido para hacer el suyo propio.
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